mindfulness

Sostener la práctica de meditación y el ejercicio de los 9 puntos

 ¿Hay algún consejo real y práctico que de verdad pueda ayudar a un meditador o meditadora a sostener su práctica diaria? Si hacerlo ya cuesta cuando uno está bien, entonces ¿cuánto cuesta uno está enfermo, no encuentra bien o pasa por momentos difíciles?

En mi propia experiencia tengo temporadas en que les me cuesta encontrar el momento para practicar o que, cuando lo encuentro, empiezo a pensar en mis cosas. ¿Hay algún meditador que no haya pasado por esto? Yo creo que ninguno, y aunque no hay nada imposible, me parece inalcanzable sostener la práctica cada día y sin variaciones.

Y ¿Qué es practicar meditación? ¿Lo recordamos? Por “meditación”, me refiero a atender en quietud a un objeto del presente que se encuentre dentro del marco del cuerpo. A hacerlo de forma constante y deliberada de manera que cuando me despisto y me doy cuenta, lo que hago es volver amablemente y sin juicio a atender ese objeto. ¡Ah! y con “objeto del marco del cuerpo” me refiero a ser consciente de la respiración o a ser consciente de las sensaciones corporales en todas las partes posibles del cuerpo, o bien en todo el cuerpo.

En lugar de “ser consciente”, podría utilizar otros términos como “observar”, pero la palabra “observar” puede prestarse a confusiones y, tal vez, alguien crea que se trata de una observación visual, cuando no es así. Si veo la parte del cuerpo, eso es más bien un pensamiento y debo intentar bajar hasta la sensación. Cabe recordar que la parte medular de la práctica es la conciencia directa de la respiración o de las sensaciones corporales.  Por ejemplo, si alguien arroja un vaso de agua sobre nuestra cabeza y el agua resbala lentamente por todo el cuerpo, la práctica consiste en observar la sensación del agua resbalando en la piel, no en atender a la imagen mental de las gotas de agua cayendo.

“La conciencia que queremos cultivar es sensorial, sencilla, natural y ordinaria”.

Ten presente que nuestro cuerpo está formado por un grandísimo número de átomos, que a su vez forman moléculas cuya actividad coordinada nos da la vida. En cada cuerpo humano hay del orden de 1028 moléculas (un uno con veintiocho ceros detrás). La vida es un continuo fluir y nuestro cuerpo está en constante transformación. Es esta sucesión continua de materia lo que conforma nuestro cuerpo y, a su vez, constituye la base de la observación que hacemos en la práctica de meditación. Pero el objetivo principal no es el qué: observar la respiración o las sensaciones y cómo se transforman, sino el cómo: hacerlo con la actitud ecuánime que representa la piedra angular de la práctica.

Hacerlo con ecuanimidad sería como aplicar el siguiente algoritmo:

  1. Si es agradable, me doy cuenta, bien.
  2. Si es desagradable, me doy cuenta, bien.
  3. Si es más bien neutra, me doy cuenta, bien.
  4. Si hay ausencia de sensación, me doy cuenta, bien.

Para una persona de ciencias, la práctica de meditación se basa en la capacidad que nos permite sentir paz, relajación y bienestar. Todos nacemos con un conjunto de mecanismos fisiológicos que, a través de la evolución, se han estructurado para optimizar nuestra sensación de bienestar. Así, el sistema nervioso parasimpático se pone en marcha para ayudar a relajarnos. El hipotálamo nos permite dormir al disminuir al máximo la ansiedad y, a la vez, nos mantiene vivos y respirando. Cuando meditamos, muchos de los neurotransmisores como la serotonina o la oxitocina nos permiten llenarnos de amor y paz desde nuestro interior.

Entonces, podríamos decir que la conciencia a nivel de las sensaciones con ecuanimidad nos guía hacia la paz interior ya que activa nuestro circuito de la calma?. Ese el gran atractivo de la meditación: el deseo de vivir una vida más pacífica, calmada y armoniosa.

“Muchas personas creen que meditar es relajarse y, quienes practicamos, sabemos que no es así. ¿puede ser una consecuencia? ¡Si! ¿Es el objetivo? ¡No!”

Si podemos experimentar las sensaciones con ecuanimidad, entonces logramos la paz interior. Aunque sea sólo por algunos segundos, o unos milisegundos, vemos claramente que dejamos de reaccionar. ¿No me digas que ese no es un buen camino hacia la calma interior?

De esta manera, al establecer paz en el momento presente y al hacerlo de forma sistemática, empezamos a deshacer parte del pasado, a ver de forma menos tensional el futuro y a disminuir la ignorancia en el presente. Deja de a ver exceso de pasado y exceso de futuro y nos comportamos en el día a día de manera más acorde a lo que sentimos ahora, en nuestro actual nivel de consciencia.

De todos modos, tengamos en cuenta que nuestro sistema nervioso cuenta con mecanismos para analizar el entorno, absorber nueva información, evaluar el peligro y sentir miedo cuando vemos amenazada nuestra sobrevivencia. En momentos de peligro, queremos sobrevivir, nos protegemos huyendo, luchando, ocultándonos y alejados del alcance de la paz interior. En nuestros días de pandemia, muchas personas sienten que enfrentan un momento especialmente desorganizado y amenazante y, al sentirse abrumados por la situación, les resulta difícil meditar. ¡Esto es muy normal!

Ciertamente, contagiarse de COVID (o cualquier otra enfermedad) puede ser muy peligroso o fatal y no es algo que debamos tomar a la ligera. Pero su impacto en la humanidad no es de ninguna manera algo único. Desgraciadamente, la verdad es que la muerte de un gran número de personas es algo común y que las pandemias ocurren todos los años en forma de guerra, hambrunas, violencia o catástrofes naturales. Cualquier tipo de vida, no sólo la vida humana, es una constante lucha por sobrevivir, ya sea al ataque de microorganismos que intentan utilizar nuestro cuerpo como fuente de energía o frente a otros seres que nos atacan. No creo que haya un momento en la historia de la humanidad en que la enfermedad no tenga impacto en nosotros.

Sabemos que en la vida hay sufrimiento, pero también es la vida la que nos permite ir trascendiendo ese sufrimiento de manera realista. Creer que estamos viviendo tiempos terribles y únicos no sólo no es verdad sino nos lleva espiritualmente hacia la dirección opuesta a la liberación del sufrimiento.

Entonces, en esta vida ¿cuál es la diferencia entre “Sentarnos en calma, con los ojos cerrados, y percibiendo las sensaciones con ecuanimidad” y “sentirnos atrapados, nerviosos, escuchando noticias terribles y sufriendo”

La diferencia radica en el cómo, es decir en la actitud con que lo afrontamos, dado que la realidad, afortunadamente es neutra (¡cuanto me cuesta siempre decir esto!) y entonces todo depende de nuestra respuesta. Si nuestra respuesta es ecuánime, entonces practicamos el desapego. Y “desapego”, no es un frio “¡vale, ok!”. Es más bien la capacidad de ver nuestra situación actual desde otra perspectiva, de manera que no nos apeguemos, ni nos quedemos encerrados dentro del cuadrado, con la mente clavada en una visión unidimensional. Consiste en desapegarnos de percepciones, creencias y actitudes inflexibles que tienen un enfoque estrecho. Es desapego en el sentido de ir más allá de todas las opiniones y anclarnos en la realidad, tal como es, esa realidad que siempre está cambiando.

De todos modos, las personas suelen concebir el mundo según sus propios conceptos, de manera que lo que diverge de estos patrones mantenidos y cultivados durante tanto tiempo, se considera incorrecto, raro o imposible.

¿Puedes darte cuenta que tomamos las decisiones basándonos en este tipo de consideraciones preconcebidas una y otra vez? ¿Puedes darte cuenta que fabricamos respuestas para sentirnos seguros?

¿Puedes darte cuenta que negamos la incertidumbre y la ambigüedad con el propósito de sentirnos seguros con nuestras creencias preexistentes?

¿Puedes darte cuenta que manipulamos la evidencia para afirmar que creemos que sabemos y para rechazar todo aquello que nos resulta nuevo o extraño?

¿Puedes darte cuenta que creemos saberlo todo cuando no sabemos nada?

La mente que no va más allá del cuadrado se queda en lo individual y no puede trascender por sí misma la línea invisible dibujada en un determinado lugar de la mente. Entonces te quedas confinado en ese lugar y como consecuencia eres esclavo de su mente.

“El resultado de esta manera de vivir es el agotador juicio constante según el pensamiento existente”

Nuestra vida puede que llegue a los 100 años, pero igualmente no es más que un suspiro. Así pues, te invito a superar el mundo de los conceptos, a tenerlo en cuenta, ¡sí! pero viendo el presente con más amplitud, con más alternativas y suspendiendo el juicio.

En este camino debes tener en cuenta que los conceptos a los que nos aferramos parecen lo más importante, y esto hace que uno persista en ellos y que uno se adhiera rígidamente a ellos durante mucho tiempo.

¿Puedes observarlo y ser amable contigo?

En este proceso es mejor intentar comprenderse a uno mismo que interferir en asuntos ajenos, culpando y formando juicios seguramente falsos. Por ejemplo, en este mundo somos siete mil millones de personas, cada uno con su propio mundo. En lugar de insistir en querer tener razón ¿Puedes entrar en el terreno del “no sé”, en el campo de las posibilidades y siendo receptivo a las opiniones de los demás?

Si allá donde vas, lo haces con el corazón abierto y consciente a cada momento, sin perseguir demasiado aquello por lo que sientes una especial preferencia, las líneas del cuadrado desaparecerán y podrás ver por completo la totalidad de la hoja en blanco con sus infinitas posibilidades. Y eso es practicar la ecuanimidad y el desapego, es aquello que puede ayudarnos a superar cualquier situación. Y no tomo a la ligera un momento difícil, yo he pasado unos cuantos en mi vida y ciertamente son muy complicados, pero lo son más si no consigues abrir la mente al espacio infinito de posibilidades.

Cuando pienso en tiempos duros veo a mi padre, con 14 años, con su pantalón de pana y sus elásticos durmiendo encima de la paja en los bajos de la casa porqué la habitación libre era para sus dos hermanas que había que casar con buenos mozos. Y lo imagino con el burro cerca que le regalaba todo su calor mientras arriba había más frio.

Cuando pienso en tiempos difíciles veo a mi madre, que tuvo que dejar la escuela a los 9 años para trabajar, para aprender a coser y poder llevar dinero a casa, y que cuando tenía suerte y su madre la mandaba a comprar media docena de sardinas, tenía hambre y se comía sus ojos y así, su madre, no se daba cuenta que había cogido algo. Y la imagino feliz, saltando por la calle con falda corta y con su sonrisa eterna.

Y bueno, nada más, como siempre acabemos con metta. ¿y qué es metta? Supongo que todos conocemos de la importancia del amor y de la amistad en nuestra vida, su importancia es tal que constituye casi todo en la vida. Quizás nada es más importante que el amor, y eso no significa que la amistad, el amor o la compasión sustituyan a la meditación, ¡ojo!

En este sentido suelo repetir algo que me dijo un maestro:

“Si no tienes media hora para meditar, debes meditar una hora”.

Me encanta, pero ahora siento que debo decirte que, si no tienes tiempo de meditar, ¡tampoco pasa nada! Intenta mantenerte presente, atento y vigilante a la experiencia momento a momento y haz metta por ti y por los demás, practica la benevolencia y el amor incondicional tanto como puedas ya que amor es un catalizador que permite alcanzar la máxima plenitud en la vida.

La vida de un meditador o de una meditadora, por definición, tiene como centro la soledad, la soledad plena. Cuando meditamos, estamos solos y nos invitamos a estar bien solos, a que nuestra felicidad dependa de nosotros mismos, a conocernos y a cultivar la felicidad eudaimónica.

Òscar Carrera 14 de enero de 2022

Bibliografia

“El arte de Vivir” S.N. Goenka

“Meditar en tiempos difíciles” Paul R. Fleischman

https://www.um.es/acc/muchos-atomos-y-moleculas/

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