mindfulness

Meditación

Sigue meditando

Medita cada día para que tu vida no quede atrapada en interferencias sin sentido y puedas desarrollar tu potencial como ser humano.

Medita cada día para pensar, actuar y comunicarte desde tu interior de forma más clara y espaciosa.

Medita cada día para conectar con tu trabajo, para que tu trabajo te haga ser mejor persona y no para tener que trabajar para ser una mejor.

Cuando meditas lo suficiente las capas de tensión comienzan a desvanecerse.

Algunas veces, en ese despojo de capas se descubre que la vida duele y que no hay manera de entender lo que está pasando.

Algunas veces se puede sentir como es la realidad profunda de la vida y eso hace que pienses que estás enloqueciendo.

Algunas veces, en ese desnudo capa tras capa se encuentra algo de curación y eso hace que parezca algo más de felicidad. Un tipo de felicidad muy genuina, que se sostiene en los momentos difíciles y que va más allá de los altibajos que experimentamos cada día.

Algunas veces, cuando meditas lo suficiente, aparece más amabilidad hacia ti y hacia los demás, como si se llenara todo un gran depósito de amabilidad que está a tu disposición para repartir.

En la meditación no hay atajos, ni trucos ni inventos raros, la meditación requiere de tiempo y espacio. Ese tiempo y ese espacio son los que hacen que aflore el brillo en el rostro, que aparezca más luminosidad y se vibre con más energía.

Ese brillo, esa luz y esa vibración son las que facilitan que puedas atender mejor a tus responsabilidades y a tus relaciones, como si el límite que imponía la mente a esas situaciones se hiciera menos profundo, como si el surco en la piedra se pudiera convertir en una línea de arena que se va con un soplido.

Y todo va recobrando sentido, y en lugar de sentir que estás invirtiendo tus esfuerzos en saco roto, puedes sentir que tu esfuerzo hace que las cosas fluyan desde dentro hacia fuera, llenando tu día y el de los demás.

Y meditando cada día sigues teniendo heridas, claro que sí, algunas cicatrizadas y otras todavía no. Esas heridas vivas que mientras meditas vas limpiando para que un día puedan sanar. Y mientras sanan sigues viviendo el presente con el dolor del pasado y la incertidumbre del futuro.

Cada sesión de meditación te conduce al centro. El centro que hace que no te detengas sólo porque algo te dé miedo o porque no ves que las personas estén viviendo profundamente o porque sientes que la sociedad va por mal camino o porque el planeta esté enfermando.

Medita, sin escusas, medita.

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