mindfulness

Yongey Mingur Rimponche

Tres claves para la meditación según Yongey Mingur Rimponche

Hoy, con mi pareja y mi hija, hemos dedicado buena parte de la tarde a explorar un tema: la carta natal. ¿Cómo es posible que nacer en un aquí y un ahora concretos puedan determinar tantas facetas de lo que va a ser tu vida? Es curioso que la posición de los planetas del Sistema Solar y la Luna estén tan unidos al devenir.  

Ahora, seguramente por lo investigado durante la tarde, se me ocurre definir la vida como todo aquello que ocurre entre la primera inhalación y la última exhalación. Y eso hace que me acuerde de mi primera sesión de meditación, en Espai Obert, a principios de 2016; tampoco hace tanto, en que me di cuenta de la trascendencia de la respiración y empecé a observarla.

En mi caso comencé gracias a un buen amigo me aconsejó la meditación como una alternativa a los antidepresivos y ansiolíticos que en ese momento estaba tomando, debido a una grave crisis personal que se inició por la pérdida de la posición de Director General en el trabajo.

Ahora veo la meditación de otra forma, es más bien una manera de sincerarme conmigo mismo, es cómo encontrar mi estado natural, mi esencia. Es cuestión de entregarse, rendirse a lo que hay y dejar de identificar-se con las limitaciones de uno mismo.

Es cierto que al principio me aburría bastantes veces en la práctica, en cambio ahora, cuando me siento me digo: “Buff!!! Cuanto me queda por hacer”. Anda que no hay trabajo en observar las fluctuaciones de la mente. Por ejemplo, en observarla como califica “esto es bueno”, “esto es malo”, “esto me gusta y esto no”. O mejor, “estoy triste”, “estoy mejor que ayer”, “podría ser más feliz”.

Bueno, vamos con las tres claves que recogí del gran maestro Yongey Mingur Rimponché y que quiero compartir:

1.- “No bloquees el pensamiento, déjalo que se exprese, sino vuelve más fuerte”. Así, por ejemplo, si estás en meditación de atención a la respiración y te das cuenta que aparecen pensamientos, deja que pasen. Mientras sigas conectado a la respiración está bien, que los pensamientos pasen por debajo, por arriba, por un lado, por el otro… Por donde sea que pasen, o si son pocos o muchos, ¡tú sigue ahí!, observando el aire como entra y el aire como sale.

Puso el ejemplo de “quiero comer paella”. Mientras recuerdes la respiración, está bien querer comer paella. Que aparezca la paella de las mil formas posibles; mientras no te desconectes de la respiración está bien.  Así nos pidió meditar “sin pensar en paella” mientras iba diciendo “no pienses en paella” y, claro, todos con la paella en la mente. Y es que la mente no entiende de “noes”.

2.- “Lo que aprendes en meditación lo puedes aplicar en la vida”. Así, dejando pasar el pensamiento aprendes a dejar ir, aprendes a estar en el proceso, a no apagarte a los resultados y a aceptar el cambio: “si hay paella está bien y si no la hay también”. La meditación no tiene que ser ni demasiado tensa ni demasiado laxa y, al igual que en la vida, lo deseable es formar parte del constante fluir.

Puso el ejemplo de “beber agua”. A veces nos lanzamos a por el vaso con tensión como diciendo “lo hago rápido y ya”, en cambio otras veces nos decimos “bueno, ya lo haré después” y luego “bueno, lo dejo para mañana”. Cuando lo deseable es hacerlo con la dosis perfecta de soltura y sosiego, cogiendo el vaso y simplemente tomando el agua.

3.- “No asocies meditación con paz, calma o gozo”. Este punto es muy importante, la meditación no es siempre agradable, sólo lo es algunas veces. La paz o la calma son experiencias de la meditación como también lo son el enfado o la preocupación, son sus consecuencias, no son su esencia. La esencia es saber que respiras.  “Si respiras con paz está bien, si respiras con enfado está bien”. Lo importante es el darse cuenta, poner consciencia en lo que uno hace, dice o siente, a lo que en inglés le llaman “awareness”.

La hora y poco que duró el acto fue una demostración de su sabiduría y humildad. Una manera de explicar “que es la meditación” de una forma sencilla, simple, sin ninguna palabra complicada, sin nada que sobrara ni nada que faltara, sólo fluyendo.

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