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Luna

Famoso como la Luna

Hay un antiguo relato Tibetano que se titula «El padre de «Famoso Como La Luna»» y es muy parecido a nuestro cuento de la lechera.

Ambas historietas, tanto ésta como la del cuento de la lechera, tienen que ver la pérdida de tiempo que supone fantasear sobre las opciones del futuro sin estar anclado al momento presente, y dice así:

Un hombre muy pobre, después de mucho trabajar, consiguió acumular todo un saco de grano. Se sentía muy orgulloso de sí mismo, y cuando llegó a casa cogió una cuerda y colgó el saco de una viga para que estuviera a salvo de ratas y ladrones. Dejándolo allí colgado, se tendió a dormir justo debajo para mayor seguridad.

Mientras yacía acostado, su mente empezó a divagar: «Si lo voy vendiendo en pequeñas cantidades obtendré un gran beneficio. Así podré comprar más grano y repetir el negocio, y muy pronto me hare una persona influyente en la comunidad. Las chicas se prendarán de mí. Me casaré con una mujer hermosa, y muy pronto tendremos un hijo.

Tendrá que ser un niño, pero… ¿qué nombre vamos a ponerle?».

Paseó la mirada el cuarto y la detuvo en un ventanuco tras el cual se veía ascender la Luna. ¿Qué signo más auspicioso!», pensó. Ese sí que es un buen nombre. Lo llamaré «Famoso Como La Luna»».

Ahora bien, mientras él se entregaba a sus fantasías, una rata logró trepar hasta el saco de grano y rogó la cuerda que lo sostenía. En el momento en que brotaban de sus labios las palabras «Famoso Como La Luna», el saco cayó del techo y lo mató al instante.

«Famoso Como La Luna», lógicamente, no llegó a nacer.

Así, obsesionados por falsa esperanzas, sueños o ambiciones que prometen la felicidad, lo que en realidad ocurre es que nos dirigimos a la infelicidad.

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